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El feminismo : una política de emancipación en contra el dogmatismo religioso.

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La compañera María L. nos hizo el honor de traducir la entrevista que WLWB había realizado con Ana Pak en 2012, feminista, exiliada iraní que nos contaba su historia y su opinión sobre el feminismo « identitario » contemporáneo.

 

Huda Sharawi

Huda Sharawi (1879-1947). Pionera del feminismo en Egipto. Fue una de las primeras feministas que denunciaba el velo islámico.

 

Cuando la revolución iraní estalló en 1979, yo era un joven corazón que se unió al grito de millones de personas que querían encontrar la libertad.

Pero esta revolución fue instrumentalizada por los islamistas (que eran una ínfima minoría). De manera análoga a lo que vemos hoy en Egipto, Túnez, Libia y otros países bajo las leyes islámicas, lo primero que hicieron fue atacar a las mujeres. Jomeini nos obligó a ocultarnos.

Yo era muy joven entonces, pero mi cuerpo de niña sintió profundamente el temor de las miles de mujeres iraníes que protestaban contra el velo, y se alarmaban al unísono unidas por su indignación.

Sentí la revuelta de las mujeres, a pesar de que aún no podía comprenderlo todo.

Es necesario saber que Jomeini en un primer momento se vió obligado a reconsiderar algunas de sus posiciones, dada la ira de las mujeres, las revueltas y las manifestaciones cotidianas de las mujeres!

Tuvo que declarar lo siguiente “No, el Estado islámico no obligará a las mujeres a usar velo, quedará bajo su decisión. El velo será una elección de las mujeres”.

Pero unos días después de la declaración de renuncia de Jomeini, oí atónita, en las noticias, a Banisadr, el primer presidente del régimen islámico, declarando que “si el Islam velaba a las mujeres era porque la ciencia había demostrado que había ondas capaces de excitar a los hombres, y que esas ondas se escondían en el pelo de las mujeres. Por esa razón, con el fin de garantizar que los hombres y las mujeres puedan vivir en paz en la sociedad y sin excitación, el Islam exige que las mujeres sean veladas. Será obligación de las mujeres llevar velo ».

Estas palabras me dejaron sin habla. Todos los medios eran buenos para imponer el velo a las mujeres. Cuando el régimen no podía hacerlo en nombre de la religión, trataba de imponerlo utilizando los llamados argumentos “científicos”.

Y en última instancia, el régimen islamista utilizó la violencia y la humillación no contada, permanente y constante contra las mujeres, para forzar a las iraníes a ocultarse bajo un velo.

En un primer momento, a través de golpes, palizas, brutalidades, insultos, amenazas , por despidos en masa de las mujeres como funcionarias y en las empresas, e imposiciones de jubilación.

Violaciones, violencias físicas repetidas, multas, detenciones y encarcelamientos. El velo se impuso en las mujeres que permanecieron contratadas y en las que querían ser contratadas.

Velar el cuerpo de la mujer presenta en sí mismo la violencia del patriarcado en nuestro cuerpo. Como en la prostitución, la violencia le es inherente. Esta violencia, psicológica y corporal, esta en la sexualización de las mujeres.

Así que sí, esta experiencia de un régimen fascista-islamista me dio una cierta rejilla de lectura del mundo, que forja mi feminismo y que me consigue, como en muchas otras mujeres, las antenas necesarias para detectar las estrategias de intimidación de los islamistas y para determinar la aberración que consistía en tener que aceptar todo en nombre de la tolerancia cultural.

Por otra parte, no tenemos necesidad de sufrir una mutilación genital femenina para luchar contra la mutilación. Muchas mujeres luchan contra los extremismos religiosos y en particular el islamismo, sin haberlos sufrido personalmente.

En nombre de la tolerancia y del “relativismo cultural”, En nombre de la “lucha contra la islamofobia”, se nos impone incluso aquí en las sociedades más democráticas y bastante libres, el miedo a los extremistas religiosos y la prohibición de criticar las religiones, especialmente el islam, y nos condena al silencio.

Los islamistas y sus aliados nos quieren hacer callar y nos designan como “islamófobos” para lograrlo.

Pero de hecho, tengo miedo del islamismo como tengo miedo de todos los fascismos, y no veo por qué debo ocultarlo.”

A decir verdad, varias razones me llevaron a esta intransigencia hacia el islamismo. La primera es mi propia experiencia como iraní, y que ante la imposición de Jomeini a las mujeres, muchas iraníes eran etiquetadas como islamófobas si se resistían. Esta misma etiqueta se encuentra en los países democráticos en los que no podemos criticar libremente el islamismo o el velo sin ser catalogados de islamofobos.

Ser radical es para mí estar radicalmente en contra de todas las formas de patriarcado, que inventa tantas instituciones (religión, matrimonio, prostitución…) para atrapar y oprimir a las mujeres. Consiste en ser radicalmente opuesto a todas las religiones, y al Islam también.

Las religiones patriarcales se distinguen por estar fundadas sobre la misoginia, y tienen como principal obsesión el monopolio del control sobre los cuerpos de las mujeres.

Así que si ser feminista radical, significa querer cambiar el mundo, queremos liberarlo de todas las instituciones patriarcales (religión, cultura, matrimonio, prostitución, Estado …), en realidad yo soy una feminista radical. Y hasta me pregunto cómo sería posible ser feminista sin ser en consecuencia radical.

WLWB: Usted mencionó en la entrevista que “hasta que las mujeres y feministas dejen de adherirse a cualquier ficción inventada por los hombres: la raza, la religión, la nación, la cultura, la afiliación política … no podemos liberarnos.” Porque es así?

Efectivamente, en tanto que mujeres, adherirse a los inventos de los hombres; sus religiones, sus culturas, sus conceptos, devuelve o nos conduce a negar u olvidar nuestra pertenencia a la clase mujeres, y por tanto a no iniciar la lucha necesaria contra estas opresiones, o peor, alejarnos de nuestra lucha común. La adhesión consciente o inconsciente de las mujeres a los inventos de los hombres nos cuesta muy caro.

Lo que diferencia la opresión de las mujeres de otras opresiones es que nosotras no sólo estamos oprimidas sólo por la fuerza sino también por la astucia, por la cultura o la religión, afectivamente, por el chantaje emocional, económico y también física o corporalmente por parte de la clase opresora.

Las mujeres somos la única mayoría oprimida que sufre a sus opresores constantemente, incluso en su cama.

De hecho, los esclavos hombres y los proletarios tienen al menos la posibilidad de no tener la obligación de soportar sexualmente a aquellos que les explotan y les dominan.

Esta es la razón por la que la opresión de las mujeres es la más antigua de las opresiones. Puede cambiar de cara, de forma o denominación, pero continuará tratando de encadenar a las mujeres si no se adoptan medidas para que esto no ocurra.

Para dar sólo un ejemplo bien conocido en la historia de la lucha de las mujeres: El derecho al voto. Mientras las mujeres sufragistas lucharon por el derecho al voto, a algunas mujeres se opusieron, repitiendo el discurso de los hombres que dijeron que las mujeres no podrían votar!

Como he argumentado en otro escrito, a veces es difícil y puede ser doloroso para las mujeres darse cuenta de que pertenecen a una clase oprimida y menospreciada incesantemente.

Dicho esto, las mujeres debemos aprender a deshacernos de los reflejos misóginos que hemos interiorizado. Porque estamos tan impregnadas por el apartheid de género, ya sea en la familia, en todas las culturas y países, que utilizamos esta misoginia contra nosotras mismas y contra las otras mujeres defendiendo los argumentos del dominante! Tal vez sea porque algunos se sienten desanimadas y toman caminos aparentemente “menos peligrosos”.

Muchas mujeres prefieren así aferrarse a lo que nos divide y nos separa, en lugar poner en marcha y aplicar métodos de lucha y crear nuestros propios conceptos para un mundo diferente.

WLWB: Sin embargo, muchas corrientes feministas: El feminismo liberal, el postmodernismo, “el feminismo negro”, transnacionales, etc … reivindican la diferencia de las mujeres de color, mujeres para las que el feminismo radical es un invento de las mujeres blancas occidentales y de clase superior. ¿Cómo se explica este rechazo a sentirse “unidas a la clase mujeres”?

Ah, aquí estamos en el corazón del problema! Que es precisamente dividir las mujeres para oprimirlas mejor!

Y aún hoy, algunos que se dicen de izquierda, rechazan las constataciones y reivindicaciones feministas, afirmando que son la emanación de pensamientos “burgueses” …

Tanto si eres burguesa como si no, lo cierto es que si eres una mujer no puedes caminar con calma sola en la calle, en ninguna parte ni en ningún momento.

Y tanto si eres burguesa como si no, en irán serás condenada a ocultarte de todos para enarbolar la bandera de tu sexualización e inferioridad.

Es más, le diré que la primera vez que oí en los medios hablar contra los “valores occidentales”, contra las “feministas occidentales” y contra las “mujeres occidentalizadas” fue en Irán en 1979, cuándo los islamistas reprimían las manifestaciones de las mujeres contra el velo.

En esa época trataban de silenciar a las mujeres llamándolas “prostitutas”. Cuando el número de manifestantes superó varios miles, las calificaron como “realistas” y luego a “occidentalizadas” y después de “pro-occidentales” y finalmente “islamófobas”!

Es importante saber que durante los años oscuros en Irán, de 1983 a 1989, los organismos internacionales encargados de la comprobación de violaciones de los derechos humanos, bajo la presión de miles de exiliados que podían testificar, querían visitar las cárceles iraníes, donde fueron torturados y ejecutados miles de mujeres y hombres, prisioneros y prisioneras políticas.

Pero en respuesta, en ese momento, el régimen creó un “derecho del hombre islámico” con el fin de disponer la existencia de “razones culturales y religiosas” para oponerse a los controles internacionales y poder justificar las masacres y la barbarie del régimen iraní!

Esto está en total oposición a los derechos humanos fundamentales y universales, supuestamente de los países occidentales, si hemos de creer al régimen iraní!

Así que si existen los derechos del hombre islámico, reivindicados como algo especial, ¿por qué no ir más allá en este razonamiento y crear así un concepto de feminismo islámico?¿no?

Bien, tal fue la conmoción que sentí cuando escucho aquí, en Universidad de Paris VIII, en 2009 con motivo de la organización de un taller en la sobre las lesbianas exiliadas e inmigrantes, la palabra extraña “feministas blanco”.

En las reuniones preparatorias de este taller, en el que esperaba que por fin denunciásemos el odio y la misoginia a las comunidades lesbianas de exiliadas, me encontré con acusaciones extraordinarias al “feminismo blanco occidental” que no comprende a las “mujeres racializadas”. Ignorándose el motivo de la organización del taller.

Sin embargo y afortunadamente, ha habido luchas históricas mundiales para la liberación de las mujeres, dirigidas por la solidaridad feminista en todo el mundo, una lucha que ha tenido éxito en algunas áreas.

¿Por qué entonces deberíamos rechazar a las feministas bajo el pretexto de que son “blancas” y reivindicar el concepto de “feminismo islámico” para supuestamente afirmar nuestra diferencia?

Ser una “feminista islámica” ¿no será más bien repetir y asumir las propias invenciones y doctrinas islámicas, todas ellas provenientes de Teherán y de los Hermanos Musulmanes?

Mi respuesta a su pregunta es que la opresión y la dominación de los hombres sobre las mujeres es universal! Por lo tanto, nuestra lucha debe serlo también.

En gran parte también gracias a mujeres que viven en sociedades musulmanas nuestra lucha feminista va avanzando.

Estas mujeres denuncian la violencia que sufren en nombre de la religión, por lo tanto están reivindicando derechos universales.

Malala, la joven pakistaní de 14 años que fue atacada casi mortalmente por los islamistas es un ejemplo.

Ellas llaman regularmente a sus hermanas de los países democráticos para apoyarlas en su lucha contra el islamismo y rechazan esta ficción de “feministas blancas occidentales diferentes”.

Porque saben que sus luchas son semejantes a las que las feministas occidentales han hecho, incluida la lucha contra la opresión de la religión católica.

WLWB: También he remarcado que el feminismo fue objeto de apropiación y se convirtió en la norma de reivindicaciones nada más ni nada menos que de antifeministas y anti mujeres. El surgimiento del feminismo llamado islámico se podría considerar como un tipo de ilustración ¿qué opinas?

El feminismo no puede ser islámico en ningún caso. Al igual que los regímenes en Irán y Afganistán dicen ser “repúblicas islámicas”, no puede ser repúblicas.

En la República el pueblo vota y tienen derechos. Pero en el Islam, es Dios quien elige a los hombres para gobernar la sociedad!

El feminismo es un movimiento, una lucha por la emancipación de las mujeres. No olvidemos que “el Islam” significa “sumisión”, y consiste en la sumisión de los hombres a su dios y en todos los casos la sumisión de las mujeres a los hombres.

Como he dicho anteriormente, el “relativismo cultural”, el “relativismo de los derechos”, la “diferencia de derechos”, fueron inventados por los islamistas y en especial por el régimen islamista de Teherán para luchar contra la empoderamiento de las mujeres y por lo tanto ser capaz de echar por tierra los derechos humanos.

Quienes nos hacen callar en occidente, o quienes desvían peligrosamente la lucha de las mujeres, tienen la misma ideología y juegan el mismo juego que los islamistas.

En occidente los pueblos lucharon contra los dictados fundamentalistas de sus religiones. ¿Por qué entonces, algunos aquí, incluso dentro de las democracias occidentales, piensan que el individuo nacido en una sociedad musulmana no puede tener los mismos derechos que ellos se han arrogado para sí mismos (porque los han luchado), a saber; la dignidad o la libertad de no sufrir la opresión de una religión.

Hoy, en nombre de la “tolerancia” y el nombre del “respeto a la religión de los demás”, algunas personas nos empujan a otro relativismo que pretende evitar cualquier crítica de la religión y del Islam, más particularmente.

Así, los críticos del islam están condenados como blasfemos, incluso aquí. Como personas que insultan, no como críticos. Está claro que hay muchos intereses detrás de esta estrategia de eliminación.

Es obvio que los islamistas no quieren que se les toque el islam, ni que este sea renovado ni que se le ponga límites. Comprendes? Estos hombres deben continuar tranquilamente mutilando sexualmente a las mujeres, deben poder quemarlas, velarlas, violarlas y lapidarlas.

Para socavar todo esto, hay que luchar por la libertad de criticar a todas las religiones, incluyendo el Islam.

¿Qué clase de mundo quieren construir los defensores del relativismo cultural? ¿Cómo pueden legitimar tales actos de barbarie las llamadas sociedades democráticas? ¿El velo, la escisión, la lapidación de mujeres por adulterio debe permitirse bajo el pretexto de la “excepción cultural”?

En ningún caso se debe ser negligente o tomar a la ligera lo que sucede en los países occidentales, esa tendencia al relativismo, porque después de la defensa del velo para las mujeres, nos arriesgamos a que llegue todo lo demás, como sucedió en Irán. Esto es lo que los islamistas están buscando.

Es por eso que no debemos ceder a la intimidación. Es por eso por lo que solamente la lucha feminista, el pensamiento feminista, el movimiento constante del feminismo, incansable, interrogativo, que se cuestione constantemente todo lo que la sociedad androcéntrica y misógina sugiere o propone, ese feminismo, el único, es lo que nos puede liberar.

Defendiendo la universalidad de los derechos de las mujeres, vengan de donde vengan. Sea cual sea el color de su piel! Sea cual sea la creencia de su padre y de su hermano! Sea cual sea su origen cultural y geográfico.

                               — Traducción por María L , Agosto 2015—-

 © Women’s liberation without borders 2015.

Lettre ouverte: Christine Delphy ou le mythe de la bonne sauvage.

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Madame,

   Ce qui suit est bien une lettre ouverte qui ne pouvait s’annoncer sans un titre donnant d’emblée le point discuté.

   Je souhaiterais réagir au sujet de votre récente chronique dans le Guardian datant du 20 juillet 2015 intitulé : « French Feminists are failing Muslim women by supporting racist French Laws »*. Bien que vous n’en soyez guère à votre premier coup éclectique dirons- nous, permettez que ce dernier article ait constitué en ce qui me concerne, la goutte ayant fait déborder le vase.

   Ainsi avez-vous tenté d’élucider de manière très succinte le processus de communautarisation du féminisme entre la période des années 1970 à nos jours. Cette communautarisation aurait principalement conduit à une exclusion des femmes musulmanes et plus largement, à un rejet de l’islam en tant que tel. Vous ajoutez par ailleurs que, si le principe de laïcité n’est pas en soi « ostracisant », il a été instrumentalisé par – entre autres acteurs- les partis politiques et les lobbies.

La chronique se poursuit en précisant les raisons du voilement des femmes.

Les femmes « choisissant » de porter le hijab le feraient pour dénoncer l’hostilité à l’égard des musulmans. Le hijab, simple manifestation spirituelle, constituerait ainsi refuge permettant aux femmes de montrer leur solidarité avec les « membres du même groupe racial » (« same racial group »). Partant, ce port du voile intégral s’avère  être un acte de défiance envers l’Institution, ou selon les termes qui vous seraient plus fidèles, envers « l’ordre dominant » stigmatisant cette même communauté.

Autrement dit, le port du hijab procèderait d’une démarche auto-émancipatrice.

D’ailleurs, la conclusion précise : il revient aux femmes musulmanes, minorités opprimées, de déterminer elles-mêmes les modalités d’émancipation qui leur conviennent. Nous devinons à cet égard que ces modalités ne sauraient se rapporter à un « excès » par rapport à des identités pré-constituées, d’un côté comme de l’autre. Contre ce « racisme », il faut symétriquement affirmer une prétendue authenticité culturelle.

    J’aimerais ainsi réagir sur trois points. Brièvement, votre approche semble quelque peu détonner avec l’ensemble de vos précédents travaux. Si le « matérialisme » dont vous vous réclamez n’empiétait pas sur l’entreprise politique d’émancipation, vous semblez retomber en fonctionnalisme pur qui ne laisserait de place qu’à une réappropriation de normes dans un système clos strictement, et dont la seule issue serait la reconnaissance identitaire. Par suite, je souhaiterais également revenir sur le concept de laïcité ainsi que son rapport au féminisme. Et enfin, sur l’intolérable infantilisation des femmes musulmanes manifeste dans votre chronique. En effet, il semblerait que celles-ci ne sauraient être autre chose que des dévotes tribales, incapables d’un rapport réflexif à la religion islamique. Ou du moins, incapables de s’organiser sans un « retour aux sources ».

    Votre article débute évidemment en rappelant vos titres et votre expérience en tant que militante historique du Mouvement de Libération des Femmes. Auteure d’un ouvrage, entre autres, devenu un classique : L’Ennemi principal (1977), vous procédiez jadis à une analyse systémique et structurelle de l’oppression des femmes. Vous aviez mis en lumière la continuité, partant d’une démarche matérialiste, s’entendant « marxisante », entre l’exploitation domestique des femmes et la subordination politico- sociale résultante. Alors, pour se libérer de la tutelle masculine, les femmes devaient s’organiser entre elles pour construire un projet social dénué de toute interférence patriarcale. Ce patriarcat étant tentaculaire, si bien que – comme l’avaient d’ailleurs énoncé les féministes américaines- le « privé est politique ».

    Il ne me semble pas qu’en exploitation domestique, vous ayez, à quelque endroit, suggéré aux femmes au foyer de s’organiser entre elles et éventuellement, de faire des ateliers cuisine pour mieux servir leur mari ? Ou que l’Etat les paie, histoire de compenser les effets sociaux et psychologiques d’une telle domesticité ? Je ne crois pas non plus que vous ayez encouragé les femmes catholiques anti-avortement à s’organiser entre elles, cette fois en club de lecture biblique pour gentiment pérorer sur la sexualité de Marie Madeleine ? Et d’ailleurs, vous ne semblez pas non plus souscrire à la gestion des risques en matière de prostitution, où les femmes devraient elles-mêmes veiller à cacher un couteau quelque part dans les lieux règlementés de la prostitution pour prévenir une agression ? Pourtant, le réglementarisme permet bien aux femmes prostituées de gérer toutes seules comme des grandes les problèmes, moyennant un statut reconnu et services adaptés (ironie, précisons à toutes fins utiles).

En ces cas, vous êtes très claire. Le foyer n’est pas un paradis terrestre, l’avortement est un droit, la prostitution est une violence faite aux femmes. Mais les femmes devraient se voiler intégralement pour soutenir la tribu ? La pression des pères, des frères, des maris exercée sur les femmes pour qu’elles ne se comportent pas comme ces françaises « légères », ne serait que vue de l’esprit ? L’Ayatollah Khomeini en 1979 avait donc raison d’encourager le voilement des femmes pour affirmer l’identité iranienne contre l’Occident – après tout, les femmes n’auront à terme perdu que leurs droits.

Peut-être avez-vous eu vent de la nomination par le Parti Socialiste d’un secrétaire national ayant été condamné à six mois de prison avec sursis pour violence aggravée contre sa compagne ? Cela ne vous aura pas non plus échappé que le motif de l’agression – s’il convient d’appeler ceci un « motif »- eut été que la femme se comportait trop comme une « française » ?

Alors bien sûr, cela n’a pas constitué le fondement de la condamnation. Mais M.Yacine Chaouat, d’un zèle hors du commun, a bien déploré l’ « islamophobie » à l’origine des réactions sur les réseaux sociaux- lesquelles affirmaient la responsabilité politique du PS dans la garantie du principe d’égalité entre les sexes et ainsi, la non légitimité d’une telle nomination.  L' »islamophobie » est manifestement une incantation malhonnête; agiter la figure sacrée de l' »opprimée » pour susciter la compassion à l’égard de voyous, cela est probablement le comble de la démagogie.

Toutefois, les femmes musulmanes (et encore pire, les hérétiques de culture musulmane) devraient se taire et ne pas bénéficier des mêmes droits à l’intégrité que n’importe quelle autre citoyenne pour sauver l’honneur des « membres du même groupe racial » ? Vous faites bien trop d’honneur à l’extrême droite en l’érigeant de la sorte comme curseur politique.

J’anticipe la critique et cela me permet d’aborder un second point.

Vous affirmez précisément que les féministes françaises auraient fait preuve d’une condescendance envers les femmes musulmanes dont vous précisez l’origine maghrébine. Ainsi ne seraient-elles pas considérées comme de « vraies françaises » par les féministes « blanches », de même que le féminisme leur serait dénié.

    Premièrement, pourriez-vous m’indiquer à quel moment l’évolution de l’anatomie féminine a fait apparaître le voile comme organe des femmes africaines du nord ? Vous parlez des femmes musulmanes comme si elles étaient automatiquement des porte-voiles et que cela constituait leur nature spécifique. Madame, considérer la différence radicale d’autrui sans établir a priori un rapport hiérarchique s’appelle racialisme. Somme toute, pour être correctes, les femmes musulmanes ne sauraient être que de bonnes sauvages rentrant parfaitement dans vos critères d’inspiration vaguement tiers-mondistes.

Poursuivons, vous dites que le féminisme leur est confisqué. Si vous considérez le féminisme comme une identité, alors il n’y a pas de problème, chacune connaît aujourd’hui la chanson : « I am what I am ». En revanche, si vous avez un minimum un souci de cohérence politique, précisément calibré par un projet politique – le féminisme n’est pas un simple produit de consommation soumis aux aspirations de factions hétéroclites. Le féminisme, comme tout ce qui relève du domaine politique, est discriminant de principes. Aussi, de la même manière que votre conception de la laïcité est assez étrange, vous formulez en pointillés une conception de l’égalité qui n’est en rien « inclusive », mais bien proportionnelle : chacun son droit fonction de la place qu’il ou elle occupe dans la Cité.

Sans assumer cette posture proprement politique, vous n’admettez même pas que les tenantes du multiculturalisme se regroupent en associations –mais vous voudriez que chaque groupe féministe adhère massivement, dévotement à cette visée. Selon vous, les féministes républicaines, dont je rappelle tout de même que la pensée républicaine n’est pas réductible à la vie politique durant la IIIème République, devraient tout bonnement ignorer l’histoire et les implications du voilement des femmes par culpabilité coloniale ?

Pourtant, l’égalité consiste en une confrontation des propositions entre pairs, non pas en compassionalisme lâche. D’ailleurs, votre discours ne trompe personne. Celui-ci dessine clairement les contours d’une gestion multiculturaliste des affaires publiques. Un acquis, selon cette perspective, si fondamental que serait le droit à des horaires non mixtes en piscine pour les femmes musulmanes qui pourront s’y baigner en « burkini » ! L’Etat est moins vilain lorsque l’on est en mesure de capter le droit.

D’une démarche holiste, l’on passe donc à l’individualisme méthodologique : le « choix », la « perception », l’ « identité » semblent être des notions commodes … lorsque l’on parle des Autres? Comment pouvez-vous passer d’un Mouvement de Libération pluriel dans les discussions à l’œuvre, mais régulé par des principes fondateurs communs, à un éclectisme incohérent où chaque groupe sociologique de femmes devrait empiler les déterminations pour agir?

Mais pire encore, comment parvenez-vous à tolérer le sacrifice des femmes … pour des hommes sous prétexte qu’appartiendraient au « même groupe racial » ? Depuis quand la religion est une « race » en outre ?

L’auto-subordination militante serait ainsi le nouveau leitmotiv du féminisme contemporain ?

Car votre chronique manifeste une contradiction phénoménale : d’un côté vous dites que les femmes voilées ne sont pas de pauvres victimes soumises, et de l’autre vous avancez que les féministes non communautaristes devraient les laisser gentiment, tranquillement, sans les perturber, sans les brusquer s’organiser entre elles puisque seraient, selon une rhétorique libérale huilée, des minorités opprimées. Elles ne seraient donc pas aptes à répondre à la critique?

    Dans une autre mesure, pensez-vous sérieusement qu’il soit si inadmissible de se dévoiler pendant quelques heures dans les administrations publiques et à l’école ?

En l’occurrence, vous affirmez que les femmes voilées subissent des discriminations sexistes et racistes. Vous ne faites aucune mention des attributs de la première, mais vous la subordonnez volontiers à la seconde. Ainsi, que le voile indique l’impureté des femmes non point autorisées à circuler dans l’espace public en sujets de droits autonomes serait moins subordonnant que des instances publiques permettant de mettre à l’écart les traditions héritées ? Le stigmate d’impureté ségrégationniste par essence … devrait s’imposer comme tel dans ce qui constitue le socle de principes et de valeurs communs ?

En conséquence, l’école, lieu par excellence de l’apprentissage et exercice critique de la pensée vers l’autonomie, devrait se faire l’écho de coutumes patriarcales familiales ? Vous pensez sincèrement que des parents qui voilent leur fille si jeune vont accepter sans broncher qu’un jour celle-ci rentre à la maison et leur disent : « Maman, Papa, je suis athée» ?

L’école est une instance publique qui est la seule à pouvoir faire autorité contre les pressions familiales. La fille n’est alors plus livrée à elle-même pour confronter la dévotion de ses parents ; et elle dispose d’un espace pour expérimenter sans une espèce de gymnastique intellectuelle abstraite, l’égalité et la citoyenneté. Soit ce qui relève de la solidarité et de l’intérêt public. Non pas de la concurrence entre intérêts divergents et l’indifférence relativiste.

Il est commode d’instrumentaliser les filles pour en faire une monnaie d’échange ou de chantage ; et d’empêcher le corps enseignant d’expliquer le principe de laïcité et les raisons en conséquence, de l’interdiction des signes religieux ostentatoires à l’école. Cela paraît ainsi une décision unilatérale arbitraire alimentant dûment la défiance et le repli identitaire.

      Vous dites que la laïcité a fait l’objet d’une « réinterprétation radicale ». Retour de la fameuse ritournelle consistant à dire que le principe ne serait applicable qu’aux agents administratifs ; et que les individus ne seraient tenus à rien du tout. J’avoue que je suis perdue. Est-ce à dire que même les petites filles auraient une liberté de conscience telle, qu’elles porteraient le voile elles aussi par solidarité avec les « membres du même groupe racial » ?

Mais plus encore, le port du voile n’est pas interdit en France, les femmes ont les mêmes droits que toutes – seulement, comme mentionné plus haut, vous considérez le voile comme une greffe justifiant des accommodements. Une fois de plus, c’est un certain modèle de société que vous défendez. Ce n’est pas l’anti-racisme qui est au cœur de votre texte, mais précisément, une reconnaissance racialiste à l’origine d’un ordonnancement juridique tout à fait spécifique. Subjectivisme en plein, l’inclination de certaines devrait justifier des dérogations au droit commun – la loi du silence imposée au reste des citoyennes et des citoyens : dites amen ou taisez-vous. En annexant le débat politique à une question de modes de vie, celui-ci se trouve circonscrit à une synthèse individuelle de termes qui ne trouveraient que localement leur application (ainsi vont les sonates en mineur : « c’est mon choix », « j’ai mes raisons ») sans égard pour l’ordre commun.

Or telle n’est pas la vocation de la laïcité. Je rappelle tout de même qu’elle n’est pas un produit spontané de l’Occident. De même que contrairement à une approche identitaire, elle ne consacre pas une marginalité égotique – la laïcité articule l’autoconstitution du sujet, non pas dans un rapport narcissique, mais toujours en confrontation à l’altérité ou l’extériorité de l’espace public. Cet espace public a une vocation universelle (il tend à la généralité), il requiert autolimitation et justesse. La liberté politique ne consiste donc pas à râler la concrétisation inauthentique d’une prétendue identité tribale, mais à être capable de relever ce qui affère au domaine public et privé. Agresser une femme voilée n’est pas plus tolérable que de prétendre que le voile est une espèce de résistance antiraciste. Ce sont les deux faces d’une même pièce.

      Dès lors, votre tendance à vous exprimer au nom des femmes musulmanes reste sidérante. Les femmes musulmanes ne sont pas un bloc identitaire (oui, jeu de mots). Etrangement, personne n’a eu écho de votre soutien à l’occasion de la manifestation du 10 juillet 2015 organisée par le Collectif des Femmes sans voile d’Aubervilliers ; mais on ne compte plus le nombre de pétitions que vous avez signées avec des prédicateurs tels Tariq Ramadan.

Sans compter que les femmes de culture musulmane athées sont absolument absentes de votre discours. Cela montre le clivage proprement politique de cette affaire. Les citoyennes de confession musulmane, les citoyennes de culture musulmane athées – bref, les citoyennes ayant à cœur l’émancipation véritable, le souci du Bien Public et des libertés publiques sont ignorées, voire reléguées à des anomalies, ou de viles traîtresses colonisées par l’Occident. C’est malin.

Comme votre proche idéologique Emmanuel Todd, vous tentez d’objectiver sous de faux prétextes sociologistes -l’islam est la religion des pauvres opprimés- ce qui relève d’un militantisme identitaire mettant en concurrence les bonnes et les mauvaises sauvages. Alors, il est bien aisé de réduire la vie politique à un affrontement entre l’extrême droite et les gentils gauchistes aux côtés de la veuve et l’orphelin ; lorsque la complexité du problème est complètement évincée. L’organisation « entre elles » des femmes sans voile d’Aubervilliers ne semble en l’occurrence, pas rentrer dans vos critères d’auto-émancipation effective et subversive. Seraient-elles racistes ?

     Enfin, vous terminez votre chronique en suggérant qu’il serait grand temps de mettre un terme au désaccord autour du voile qui divise inutilement le « mouvement » féministe. En effet, il est toujours facile d’esquiver le conflit en déplaçant la problématique de l’intégrisme et du patriarcalisme, à un simple port du voile coutumier. Comme vous le signifiez, nous manquons effectivement de temps. Quand des caricaturistes sont assassinés parce que se moquent de l’intégrisme, et que des féministes ne trouvent rien de mieux à faire que de proférer l’incantation névrotique « phobique », sans considération pour les femmes d’ici et d’ailleurs qui luttent contre les coutumes abrahamiques faisant des femmes des propriétés tribales, c’est que le problème devient en effet très pressant.

Si, comme vous le prétendez abusivement, les lois françaises sont racistes de ne pas considérer les femmes d’origine maghrébine comme des mineures ne pouvant se passer du stigmate d’impureté, je ne sais que penser de votre projet ouvertement racialiste.

-Virginia PELE, citoyenne féministe, politiste atterrée

*Lien vers l’article par C.Delphy :  http://www.donotlink.com/g1o0
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Ne m’enchaîne pas, je m’en charge.

Par défaut

                                                       De l’auto-subordination militante.

                                                                 Restribus, Acte II.

« Et alors [que Solon] pouvait devenir tyran en s’alliant à celui qu’il voudrait, il préféra se faire haïr de tous deux [le parti populaire et le parti oligarchique], en sauvant sa patrie et en lui donnant des lois meilleures » – Aristote, La Constitution d’Athènes (XI,2).

 

Tout va toujours bien en Restribus. Intégrisme ou proxénétisme -une simple question de gestion. (Source image : http://avecunpetitrien.canalblog.com/albums/santons_7cm/photos/48052841-le_ravi.html)

Tout va toujours bien en restribus. Intégrisme ou proxénétisme -une simple question de gestion. (Source image : http://avecunpetitrien.canalblog.com/albums/santons_7cm/photos/48052841-le_ravi.html)

 

L’actualité est  bien riche ces derniers jours. Entre les tensions associatives autour de la mélanine de Marianne[1], la longueur des jupes spécialement conçues pour les femmes et les filles de confession musulmane [2] , les factions poussent un peu plus le bouchon jusqu’à mettre l’administration des établissements scolaires dans l’embarras et jusqu’au renoncement manifeste du gouvernement. Un programme des collèges faisant une place d’honneur à l’Islam, à l’instar des Lumières, facultatives – qui voudrait comprendre et connaître les fondements de l’Etat de droit ? – le latin distillé dans d’autres matières, que de nouvelles réjouissantes.

Si nous en croyons les groupuscules, la France est un pays raciste, colonial (aucun changement depuis la IIIème République, cela vous aurait-il échappé ?) et l’histoire des religions n’y aurait jamais été enseignée. Ce n’est évidemment pas le cas, mais la France est si laide lorsqu’elle ne donne pas la primauté aux clercs.

Clou du spectacle – et c’est peu de le dire – la journaliste Caroline Fourest se trouve virtuellement mise au pilori durant l’émission « On n’est pas couché » du 2 mai, face à Aymeric Caron. Son Eloge du blasphème (2015) aurait ainsi été prétexte non pas seulement à des questions stupides de type : « ne pensez-vous pas que votre analyse est biaisée et exclut les croyants » ? (reformulation) – mais également à un règlement de comptes. Cette femme blanche n’aurait donc aucun scrupule ! Défendre les principes de la République et en particulier, ce pressant devoir citoyen qu’est le blasphème est un scandale lorsque l’on a des cheveux châtains et les yeux bleus. Blague intersectionnelle à part, ces injonctions au faciès nuisent au débat démocratique – à croire que chaque participante et participant doit raconter sa vie avant de proposer. La Noblesse urbaine définirait de nouvelles modalités du débat public, dont tout engagement devrait être impérativement écarté. Un débat réussi serait un débat œcuménique, qui ne fait de mal à personne, surtout pas aux clercs : « Il n’y a pas de place dans votre argumentation pour les personnes qui ne pensent pas comme vous »- pérorer de manière insensée, identitaire, la larme à l’œil de compassion envers les serfs – voilà l’horizon (im)politique que l’on nous propose (ou impose …).

« Ne me libère pas, je m’en charge » ainsi est formulée la ritournelle gauchiste, partant du fameux slogan féministe. Les femmes, jadis, avaient pour dessein de s’émanciper de tutelles masculines – en tant que citoyennes, sujets politiques, et non en tant que poupées russes postcoloniales. Les femmes et non les mères, pauvres, blanches, vertes, prostituées ou que sais-je encore, avaient donc un projet politique de mise à distance de principes et pratiques phallocrates. Même si la rhétorique vaguement identitaire planait, peu de chances que l’envers eut été: « laisse-moi être une femme au foyer, c’est mon choix. », sous-entendu – attendons le déluge avant qu’il y ait un quelconque changement. Non, vraiment cette fascination messianique a la dent dure.

Qu’est-ce à dire précisément ? Nous connaissons la rhétorique gauchiste faussement subversive de gestion – et non pas d’émancipation, soit de rupture – d’inspiration corporatiste. Depuis les années 1980, la gauche radicale est en recherche active de prolétariat – et substitue la « classe » à la multitude morcelée mais, sans surprise, devant prévaloir dans tout agenda politique digne de- ce- nom- tribal.

Quelle différence, somme toute, entre auto-subordination (servitude volontaire) et auto-émancipation ? Une différence de degré manifestement.

Ainsi, les femmes voilées doivent « s’arranger entre elles », les femmes prostituées doivent elles-mêmes se libérer. Nous sommes tout de même en droit de demander à nos congénères probablement sous la houlette de prédicateurs et proxénètes, ainsi qu’à leurs compagnons pathologiques « de gauche » : Dans quel monde vivez-vous ?

Cela donne plutôt cette impression : je suis dans ma bulle et la politique n’est rien d’autre qu’un rapport entre usagers et pourvoyeurs de services – je suis donc en droit de narguer mes concitoyennes athées, laïques et féministes. Egocratie en plein ou New Public Management très mal transposé – quelle est donc cette obsession nombriliste ?

Les femmes sont citoyennes de pleins droits et responsables politiquement – ce n’est donc pas de « libération-ingérence » dont il s’agit, même si les coutumes patriarcales sont de fait, mais de responsabilité pure et simple. Rendre compte et raison de pratiques qui manifestement sont problématiques au regard des principes fondamentaux relève d’un exercice citoyen – et cela ne peut se faire sous un air misologue. J’anticipe les levées de boucliers perverses : « société répressive » – je pense que chacune et chacun est capable de voir les mutations politiques, juridiques et sociales des années 1950 à nos jours, tout de même ?

Un point aveugle étant de considérer les groupes politiques en termes sociologiques – et donc de faire, par exemple, des musulmanes des dévotes invétérées n’ayant une once d’esprit critique à l’encontre de stigmates d’appropriation tribale d’impureté tels le voile. L’on rétorque alors : « Oui mais, beaucoup ne pense pas comme vous ! » – pas possible ! Personne ne l’avait remarqué.

Le débat à proprement parler, lequel n’est pas une conversation, un échange de bons procédés où chacun « agree to disagree », mais une délibération requérant rigueur et souci du bien public – devient donc une sorte de déclaration de foi ou de vœux pieux, et bien sûr, tout est attaque personnelle. Les enfants sont susceptibles.

Examinons un passage historique fondamental dans notre civilisation occidentale (le gros mot). Aurait-on dû attendre qu’un athénien tyrannisé mette en place l’Ecclésia, plutôt que de laisser Clisthène – aristocrate – procéder à la réorganisation territoriale et institutionnelle annonçant les prémices de la démocratie athénienne ? En définitive, sont-ce les principes ou le « background » individuel qui devraient prévaloir ?

Bien sûr, il ne s’agit guère d’ignorer les tendances messianiques « civilisatrices » qui ont animé les entreprises coloniales et le paternalisme phallocrate – mais il y a une différence notoire et sans précédent à reconnaître autrui comme égale et donc, de confronter directement ce qui fait dissension. Assumer le conflit, tel est l’impératif démocratique, et tel est bien entendu, la première chose qu’esquivent les chefs de clan – moyennant accusations et litanies.

Alors évidemment, l’intégration Républicaine n’est pas inclusive mais discriminatoire de principes. Il est absolument fondamental, par souci d’égalité politique, que chacune et chacun soit mis devant des modalités d’organisation de l’espace politique et commun auxquels elle/il peut se fier. Si le droit et la loi sont tangents, à quel clan se vouer ? Quel recours pour une femme musulmane se référant à la « justice » qui lui sied – celle de tribunaux islamiques en Angleterre, par exemple ? Et puis, d’idéalisme à n’en plus pouvoir – l’on prétendra qu’elle a le choix ? Le Droit à la carte – religieux ou laïque, du pareil au même. Un retour à l’arbitraire féodal édulcoré sous les belles sonorités du « droit à la différence ». Différentes, mais surtout pas singulières – les bonnes sauvages doivent chérir leur « culture d’origine » pour le bien de la cause, attention.

Emmanuel Todd nous en aura fait voir – l’islam serait en l’occurrence, la religion de l’opprimé et par suite, il serait peu approprié d’émettre la moindre critique. Cette infantilisation serait gage de respect et de considération ? Outre la grave minimisation du phénomène intégriste sous l’égide d’un « clash des civilisations » ou économisme mythique – ce renoncement mène au musèlement de citoyennes faisant valoir autrement les enjeux d’un culturalisme qui brouille les repères et les termes des problèmes posés publiquement. L’injonction émergente et prépondérante, favoriser la concorde sociale plutôt que la lutte délibérative politique.

Oserait-on affirmer avec Rousseau qu’il vaut mieux une liberté politique périlleuse qu’une servitude tranquille ? Il n’est tout de même pas croyable que des acteurs se réclamant de gauche enjoignent les opprimés … à le rester et surtout, de faire l’autruche forts de lâcheté, et certainement pas de respect. Ainsi, concomitant au narcissisme militant, la servitude publiquement étalée – « Ne m’enchaîne pas, je m’en charge (et toi avec) », nouvel adage postmoderne ? Assurément.

15/05/15 : Ainsi nous continuons nos aventures dans ce monde parallèle Restribal, avec une déclaration enthousiasmante de Rokhaya Diallo cette semaine dans Paris Match – à croire qu’ils font exprès de corroborer nos propos ? « Je me bats pour que les femmes puissent disposer de leur corps, c’est à dire se voiler ou se prostituer » http://www.donotlink.com/f5dn Marcher en harmonie frémissante de conformisme avec les clercs et les proxénètes, c’est ce que l’on peut appeler un féminisme très courageux 🙂

 

[1] D’un côté une Marianne suggérée en symbole raciste puisque femme blanche et donc remplaçable par une figure plus typée selon nos audacieux, et de l’autre la manœuvre étant qualifiée … de raciste puisqu’instrumentaliserait la représentation des femmes et des hommes noirs. Y a-t-il plus royaliste que le roi ? Les clans se disputent la pureté. http://www.donotlink.com/f0nt
[2] Toutes les couleurs, toutes les tailles et tous les prix. http://www.donotlink.com/f1pg

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La Restribus, le nouveau grand projet de la « Gauche » prolétarienne.

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Allégorie de la République. Pour la petite histoire : http://www.carnavalet.paris.fr/fr/collections/la-republique

Du spectre Lepéniste et de ses allégeances symétriques communautaristes.

     Chronique/Esquisse.

« La démocratie est une société ouverte au questionnement et au débat sur les fondements du permis et du défendu, du légitime et de l’illégitime ; elle institue des règles connues de tous qui préservent de l’arbitraire, garantissant en droit les libertés individuelles et collectives. Mais cela n’implique pas pour autant la remise en cause de ces dimensions anthropologiques, sauf à verser dans le nihilisme. Ces dimensions constituent des conditions du vivre-ensemble et ne peuvent être assimilées à des rapports de domination, comme le fait implicitement ou explicitement une certaine gauche critique (…) la mauvaise conscience des démocraties européennes rend le débat confus, entraîne une oscillation perpétuelle entre le déni et le retour réactif sur des positions extrêmes. » – Jean-Pierre Le Goff, La démocratie post-totalitaire, La découverte, 2002, p191.

« ‘Bien commun’, res publica, a donné le terme de République. Une telle référence requiert et suppose des hommes dont la conscience soit déliée de tout assujettissement, et capables de se donner à eux-mêmes une loi qui les unisse. La notion d’autonomie prend ici sa pleine signification : celle d’une capacité à deux volets. L’un, juridique et politique, est celui qui s’explicite par le terme de souveraineté. Un peuple est souverain est celui qui se donne lui-même sa propre loi. L’autre, éthique et civique, consiste à se savoir source de la loi à laquelle on obéit, et partant, n’a rien à voir avec la soumission ou la servitude. Si la laïcité délie la conscience des hommes pour que ceux-ci s’unissent librement, elle ne les voue pas pour autant à l’anarchie et au relativisme intégral qui installeraient le règne du rapport de force. » – Henri Peña Ruiz, « Le sens de l’idéal laïque » in Qu’est-ce que la laïcité, Gallimard, 2003, p27.

                                                                              ***

La gauche identitaire a parlé. Sentence d’une observation et d’une analyse politique dont la finesse ne saurait être contestée, nous voilà, viles républicaines et républicains que nous sommes, responsables de la montée du Front National dans les suffrages. Cette sociologie électorale ou politologie à vue d’œil, je l’avoue, me laisse sans voix. C’est tout à fait brillant d’idéologisation – l’auriez-vous manqué ? Le paysage politique-incluons la société organisée- serait donc marqué de barricades opposant les tenants du Front National (les Méchants), et le camp pur, authentique, popul(iste-)aire, clanique de la gauche défendant les « petits », la « veuve et l’orphelin », bref, les Gentils.[1]

Et n’est-ce pas commode ? N’osez prononcer les premiers mots d’un socialisme (et féminisme) républicain, les acronymes vaguement publicitaires vous tomberont dessus : « FN », « MPT », la liste s’étend – les stigmates en place d’arguments, l’on comprend mieux la défiance de nos congénères gauchistes à l’égard de l’athéisme : la crucifixion les fascine – qu’ils soient crucifiants ou crucifiés attitrés « descendants d’esclaves et de colonisés » et donc détenteurs de privilèges peut-être ? [2]

Que les institutions sont infâmes quand elles ont le souci de l’égalité, du juste, du « beau » comme le signifiaient les Grecs, en référence à la rationalité propre du politique- lequel projette l’unité de la Cité, donne une «visibilité à soi »[3], un point d’ancrage à la liberté politique et l’action publique. Non, à présent les institutions devraient être un lieu d’appropriation tribale et identitaire de groupes agitant les passions coupables pour justifier une unilatéralité sans égard au droit commun.

Je ne reviendrai guère sur le procédé féodal des revendications communautaristes – entre égotisme névrotique et narcissique, et appartenance communautaire apolitique, le droit devrait se contenter de consacrer les particulturalismes, et l’Etat de faire amende honorable sous son rôle de débiteur. Les institutions seraient donc opérantes dès lors qu’elles sont l’apanage d’un microcosme aristocratique et oligarchique prétextant que tout leur est dû. Bien public ? Quelle idée saugrenue, souci inique qui ferait fi du chef de clan, c’est vilain – Enfin, je vous renvoie à notre cher Plotin pour davantage de détails http://susaufeminicides.blogspot.fr/2014/09/la-lecon-de-plotin.html

Vous remarquerez la « subtilité » du discours : le Front National jouant sur l’ « islamisation » de la société française, l’immigration intempestive, le laxisme de la gauche au niveau des mœurs …et la gauche identitaire se contente d’inverses symétriques : à l’identité française (largement fantasmée par les tenants du nationalisme lepéniste) on opposera l’éclectisme tribal, sans considérations de principes, au final, comme les premiers. Le subjectivisme débridé au cœur du discours, pure hétéro-nomie, en face d’une autre forme de conservatisme définissant un ordre de domination qui n’admet tout autant aucune mise en question politique … L’on a du mal à entrevoir les alternatives dans toute cette mascarade.

Les uns nous diront que la prostitution est un choix, une forme de sexualité, les autres nous diront qu’elle est un mal nécessaire. Les uns feront l’éloge de la « fille de mauvaise vie », les autres encenseront la mère nourricière subliminalement vierge. Les uns nous diront que le voile est une affirmation identitaire contre l’Etat colonial, les autres les prendront au mot et feront du voile l’organe féminin de la femme orientale, issue de l’immigration, menace aux « valeurs » de la France – quand on sait que le FN honore nos principes, et en particulier l’égalité entre les femmes et les hommes, à tel point que le parti se prononce contre l’avortement, contre la pénalisation des proxys[4], propose la rémunération des femmes au foyer – la reproduction est une urgence lorsque l’on compte faire de la France une autocratie -, c’est fou ce qu’ils sont innovants nos gauchistes. Les femmes au bordel ou au foyer, portant les signes d’appropriation patriarcale à la gloire de la tribu – d’aucuns n’envisageraient l’autonomie des femmes, citoyennes de pleins droits, et non réduites à une identité a priori, prédéterminée et que la loi devrait sanctionner (positivement).

Plus encore, l’on exhorte les citoyennes de confession musulmane laïques, athées, féministes de se taire lorsqu’elles dénoncent les féminicides, l’intégrisme[5] – cela pour ne point alimenter le « racisme » nous dit-on. « Laissons les filles tranquilles ! »[6] exigent certain-e-s. D’irénisme et de lâcheté (cf. Manifeste dans le même esprit[7]), il est assez drôle si ce n’est consternant, de constater la signature de « subversifs débauchés » revendiqués au côté de prédicateurs islamistes ! Point de « Haram » quand les factions s’excitent dans un but commun, en l’occurrence, la mise à mal d’institutions démocratiques au fondement républicain – l’autoémancipation est devenue un prétexte de conservation impolitique d’un état donné. Manger (halal), boire, dormir, violer, prostituer, voiler, mariages forcés endogames de préférence, Coran, Bible, Orange Mécanique, famille, népotisme, tribu régente, libertariens et réactionnaires ne sont pas si différents manifestement ? Quel bel horizon. Une société morcelée selon des caractères infra-politiques, une société insensée qui ne pense la généralité mais d’égoïté forcenée, la future génération n’aura qu’à se débrouiller : « Carpe Diem » !

«Pour éviter cette interférence si puissante des intérêts avec le domaine du politique, il faut transformer la matière sociale de telle sorte que ces divisions d’intérêts ne puissent plus déterminer essentiellement le jeu politique. » déclarait Cornelius Castoriadis[8] – mais en Restribus, l’on ne souhaite guère que le sujet libre advienne, ni de citoyennes autonomes – il s’agit pour l’élite de se donner bonne conscience, les « Grands » du côté du peuple authentique qui ne saurait vouloir autre chose qu’une reconnaissance par les pouvoirs publics- bons- à- gratter. Les autres ne sont qu’hérétiques, impures, traîtresses. La politique ne vise pas l’institutionnalisation du social, plutôt l’inverse. Le chef de clan arbitre et dicte, l’Etat s’y plie.

Fantasmagorie de la domination, défiance systématique – il semble que la construction historique de l’Etat soit quelque peu éludée pour une assimilation figée à un concept-identité qui n’aurait connu de mutations du XVème siècle à nos jours … fascinant.

Soyons claires pour une fois. En France, la citoyenneté ne repose pas sur l’identité d’appartenance, mais sur l’exercice des droits civiques. La République est un espace qui assure la médiation entre les citoyens, et cela par des principes politiques communs à toutes et à tous. Ce sont précisément ces principes qui sont de recours et qui l’ont été pour les droits des femmes par exemple. On substantialise les principes déclarés, l’on formule le caractère général de la cause défendue. Le citoyen ce n’est pas le villageois, le fils, la fille, la mère, le père, ce que vous voulez – c’est l’individu-e qui juge et détermine l’orientation de la Cité, et cela avec les autres au-delà d’intérêts immédiats. Les institutions ne sont pas des pochettes surprises. Il doit y avoir une hiérarchie de principes : démocratie et stabilité politique vont parfaitement ensemble – au contraire, c’est précisément cette manière d’exciter les passions, les calomnies, les analogies douteuses qui donnent lieu à un électoralisme et des candidats dont le seul objectif est de capter l’électorat indécis au regard des propositions inexistantes d’une gauche qui se prétend distincte de la droite. On grossit les traits, on exagère et le pays se plante.

Rappelons- nous de cette affaire durant laquelle Frédérique Calandra, Mairesse du XXème arrondissement de Paris, a été accusée de censure pour n’avoir pas voulu convier Rokhaya Diallo à un événement organisé par la Municipalité[9]. Bien sûr, il valait mieux se garder de raconter toute l’histoire, lorsqu’une élue EELV n’avait pas consulté la Mairesse avant d’officialiser la liste des invité-e-s. Ainsi, les républicain-es devraient se taire, laisser courir, laisser dire que les attentats contre Charlie Hebdo avaient une part de légitimité, au risque de passer pour de gros Méchants. Drôle de conception de la démocratie : je pleure, je tape des pieds, je me plains, et tu te tais.

Par conséquent, à l’instar de notre philosophe préféré Jacques Rancière et de notre sociologue culte Christine Delphy, ce n’est pas en ignorant les problèmes intracommunautaires qu’ils seront résolus de quelque manière – ce n’est pas en niant le caractère patriarcal d’appropriation tribal qu’est le voile qu’il en deviendra plus émancipateur, la sauce a été servie aux Iraniennes en 1979, Khomeiny a saisi l’opportunité. Diagnostic fumeux que serait la responsabilité républicaine dans la montée du Front National – il me semble que si les principes avaient été davantage affirmés, défendus, sans compassionnalisme bien-pensant et inopérant, le repli identitaire en serait moins à l’ordre du jour. Multiculturalisme ou nationalisme figé ? Deux faces d’une même pièce. La même logique identitaire, tantôt diffuse, tantôt centralisée.

La misologie récurrente conduit à une caricature de la gauche et du « féminisme » (on le cherche à vrai dire), mais enfin, au moins nous nous marrons un peu – de nous dire « idiot-es utiles » du FN, lorsque les accusateurs s’en font littéralement l’écho en naviguant à l’extrême opposé, il y a clairement de quoi se tordre : que les petites gentes restent à leur place. Après tout, on pourra peut-être écrire un deuxième tome à la limite de la schizophrénie du Philosophe et ses pauvres.

[1] Encore un philosophe qui devrait relire quelques- unes de ses propres pages. http://www.donotlink.com/eho0
[2] Bon courage pour la lecture de l’infamie multiculturaliste. http://www.donotlink.com/framed?670923
[3] LEFORT Claude, Essais sur le politique, Seuil, 1986.
[4] Selon l’expression élaborée ici : http://susaufeminicides.blogspot.fr/2013/11/amicale-proxene-et-feminicides.html
[5] Des perles rares : https://storify.com/bahuthogaya/non-mais-diallo-quoi
[6] Âmes sensibles, s’abstenir. Concentré d’ignominies http://www.donotlink.com/ehpx
[7] Les alliances du siècle http://www.donotlink.com/ehq0
[8] In La Création Humaine III : La cité et les lois, Seuil, 2008
[9] https://www.facebook.com/frederique.calandra/posts/10153165530037948?fref=nf&pnref=story

 

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La Charte des valeurs québécoises face à la mythification de l’exclusion.

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                                 Quelques mots de soutien aux citoyen-n-es québécois-e-s.

 

        Le gouvernement québécois a proposé il y a quelques jours, l’adoption d’une Charte des Valeurs Québécoises afin de palier la montée intégriste, et sa légitimation culturaliste grandissante et instituée par les accommodements raisonnables. Cris de colère de la part des gourous intégristes et ses martyres voilées, voilà que le gouvernement ne serait rien d’autre qu’un corps fasciste, raciste, et autoritaire.

Pourtant, nous voilà face à une Charte qui affirme les jalons d’une communauté politique ayant à cœur l’émancipation humaine, la liberté, et l’égalité de toutes et tous. Bien sûr, les tendances postmodernes ayant parfaitement passé un coup de lifting au bios politikos d’Aristote en faisant de la démocratie le milieu naturel des individus, le terrain est nécessairement bien entretenu pour le retour en force de pratiques phallocrato-mystiques, archaïques, mais si subversives face au monstre occidental. Huntington célébré, l’honneur du théoricien honni est sauf.

Ainsi, évidente est l’arnaque consistant à réclamer le privilège de l’authenticité culturelle, en mêlant le registre normatif et la matière principielle propre au domaine politique. En d’autres termes, il s’agit simplement d’une manipulation libérale selon laquelle l’Etat ou le politique, n’a pas à s’immiscer dans les affaires privées. Or chères lectrices, nous savons bien qu’il s’agit de laisser libre cours aux excès de zèle des demi-dieux, conquérant et privatisant l’espace commun à toutes et à tous, ainsi que l’espace politique. Il semble qu’au-delà de la sacralité des textes et pratiques religieuses féminicidaires de surcroît, dont -quelle honte !- nous serions ‘phobes’ de rejeter et de critiquer, la souveraineté individuelle paraît  d’autant plus sacrée. Car, allez dire aux femmes revendiquant le port du voile et de la burqua comme le nec plus ultra de la liberté des femmes, qu’il s’agit là d’un péché ; vous verrez qu’il y a bien un Dieu qu’elles vénèrent, et celui-ci possède un phallus très matériel, non point spirituel.

En effet, il n’est nulle part fait mention dans les écrits coraniques du port du voile pour les femmes. A l’instar de notre ami Saint Paul, qui j’en suis sûre, nos chers et chères collègues si progressistes et antiracistes n’hésiteraient pas à tancer – « L’homme, lui, ne doit pas se couvrir la tête, parce qu’il est l’image et le reflet de Dieu…Voilà pourquoi la femme doit avoir sur la tête un signe de sujétion. », affirme-t-il- ; le coran parle du voilement comme d’une introspection que tout croyant et toute croyante doit mener. A la sourate 33, le terme ‘voile’ désigne notamment le corps humain lui-même, où apparaît la lumière divine, et mortel à la fois. Il s’agit d’un passage métaphorique, que l’on aurait pu conserver dans sa dimension proprement spirituelle. Au lieu de cela, les intégristes ont pris de sacrées libertés n’est-ce pas, mais éminemment en concordance avec les principes phallocrates. Comme le souligne le poète Mohamed Kacimi en évoquant la Charia, les islamistes reprennent les outils analytiques élaborés en Occident ( en faisant par exemple, du voile une obligation institutionnalisée et juridique pour soi-disant se distancer de la débandade moderne occidentale, tout en profitant d’une rhétorique postmoderne afin de légitimer une telle position), pour leur propre intérêt mystique autoritaire: « La Charia, c’est le mimétisme aveugle, le respect de la lettre et le mépris de l’esprit. J’ai toujours pensé que l’intégrisme était une forme d’analphabétisme ».  Pendant des siècles, les philosophes arabes ont travaillé à la fin du mysticisme. Pour ne citer qu’un seul exemple, Al-Fârâbî, premier traducteur d’Aristote, s’est consacré aux sciences et à la philosophie tout particulièrement. Si son œuvre est largement inspirée de la pensée grecque,  et qu’elle se trouve à ce titre contestable d’un point de vue féministe, il n’en demeure pas moins qu’il a mis au centre de ses études l’épanouissement intellectuel, la pensée et la sagesse découlant à cette époque, de l’activité philosophique. Tant et si bien que cela lui a valu le surnom de mubtadi, insulte signifiant ‘novateur’.

Ainsi, les luttes identitaires contre la prétendue suprématie occidentale -autant au passage, que les revendications nationalistes-, évacuent l’histoire des peuples communiquant et échangeant. La culture n’a pas de frontière, et elle ne gagne qu’en diversité. Production de l’esprit – que ce soit artistique, intellectuelle, culinaire, artisanale-, elle n’a rien à voir avec des pratiques féminicidaires, évinçant les femmes sous un voile.  Elle est le fruit de l’unicité ou de la singularité de chaque femme rétablit par la sphère politique. Or, si les modernes aiment à utiliser l’exclusion des femmes dès l’Antiquité, pour mythifier la figure de l’exclu-e, il s’avère pourtant peu adéquat d’élaborer de nouvelles catégories plongées dans une altérité telle, qu’elle ne permettraient plus de penser l’espace commun et l’émancipation. Le musèlement des femmes par le gouvernement phallocrate, est une entreprise consensuelle, autoritaire et uniformisante, visant à empêcher toute créativité politique de la part des subordonnées. Apparaître sur l’espace public, c’est s’affranchir des appartenances identitaires. Voilà ce que nous offre une liberté politique bien instituée. Voilà tout ce que ne permet pas le port du voile.

En effet, est mise en avant une théorie du complot contre les musulman-e-s. Et quid des femmes de culture musulmane critiques des pratiques mystiques ? Ces revendications identitaires créent des micro- communautés, enfermant les dissidentes qui rentreraient quelque peu dans les critères d’appartenance : femme, musulmane, orientale etécétéra dans le silence le plus totale, sous peine d’être accusées de trahison ?

Mauvaise foi mise à part, il est plus qu’aisé de comprendre qu’une organisation politique qui se veut démocratique ne peut se porter garante d’un tel projet. Le ministre Bernard Drainville, chargé des instances démocratiques le souligne très bien: la charte, qu’il nomme lui-même ‘ La Charte québécoise des droits et libertés’, a pour objet d’instaurer un espace commun, mais également pluriel en termes de liberté d’opinions. Chaque citoyen-n-e a droit à la libre expression de ses convictions politiques, au traitement égal devant la loi, et à la liberté de conscience. Nulle part n’est mentionnée une privation de ces droits – politiques quant à la libre expression de l’opinion-, pour causes confessionnelles. Une femme musulmane, catholique, protestante, orthodoxe, juive, et je vous laisse continuer la liste, peut librement s’exprimer indépendamment de ses inclinations religieuses.  Alors, pourquoi scander à l’exclusion fasciste lorsque précisément, ces droits fondamentaux s’appliquent à toutes et à tous ?

Le droit des communautaristes de revendiquer leurs pratiques phallocrato-mystiques est précisément garantit par ces principes. Nous voyons très bien de quoi il s’agit : le tout-se-vaut, le droit subjectif au détriment des droits fondamentaux, est quant à lui, garant d’une unilatéralité qui par définition, permet d’empêcher l’expression de toute dissidence. L’Etat doit organiser les cultes religieux, pour rétablir une sacralité dogmatique que les femmes ont mis des siècles à combattre. Et quel meilleur moyen que de placer cette manipulation sous l’égide normatif ? Au monstre occidental, opposons la victime orientale : les femmes voilées, stigmatisées, exclues. D’autant que contrairement à l’affirmation répandue, les communautaristes sont loin d’être contre le contrôle étatique, dès lors qu’il assure leurs intérêts via les accommodements raisonnables. On déplore ainsi une Charte stigmatisante -tandis qu’elle s’applique à toute confession et à chaque citoyen-n-e-, lorsqu’en même temps on réclame un traitement distinct organisé par l’Etat.

Pourtant, je peux vous assurer qu’il n’est pas besoin de porter un voile pour être victime de racisme. En outre, j’ajoute qu’il est plus que commode de le porter pour bénéficier d’une complaisance qui ferait pâlir de dégoût Huda Sharaawi. Revendiquer le port de stigmates patriarcaux, et ensuite lamenter la stigmatisation des femmes musulmanes ? Chères lectrices, on nous prend pour des truffes. Car une stigmatisation a bien lieu : quelle surprise les femmes se distançant des places assignées par la phallocratie déclenchent-elles. Ainsi, si vous avez le malheur d’avoir un nom exotique, je témoigne ici et maintenant des yeux ronds et les foudres que l’on vous lance lorsque vous apparaissez en tant que femme libre de ses convictions : sans voile, ni distinction particulière autre que celles qui constituent votre singularité en tant qu’être humain, exprimant un point de vue, mettons, laïque et féministe.

A l’instar de Christine Delphy qui a omis à l’époque, de passer un coup de téléphone à Khomeiny pour lui dire de péter un coup, car le voile c’est comme porter des piercings, et qu’il est à cet égard inutile de serrer les vices envers les iraniennes ; les femmes de culture musulmane se sont battues et se battent encore pour leurs droits civiques : cette capacité d’exercer un pouvoir politique effectif, dissensuel, et non identitaire, partageant un souci du monde avec leurs concitoyen-n-es. L’émancipation confère au droit sa dimension politique. Les contentieux politiques investissement les institutions. C’est ce que l’on observe actuellement en Egypte, où des femmes luttent pour une démocratie féministe,  séculaire et anticapitaliste. Aussi, quelle hypocrisie est-ce là de crier à l’exclusion, lorsque la politique et les luttes qui s’y conduisent constituent précisément une prise de position avec, mais aussi contre d’autres forces agissantes ?

La Charte des valeurs québécoises est une prise de position, l’institution de principes fondateurs et émancipateurs pour les citoyen-n-es québécois-e-s, dont la citoyenneté est de fait, garantit par un équilibre dissensuel énoncé dans la Charte elle-même. Au niveau politique, elle permet le libre déroulement des confrontations des différents groupes associatifs. Elle ne nie en rien, en reprenant les termes de Claude Lefort, ‘ la division originaire du social’.

En revanche, dans la mesure où elle admet que l’égalité relève du domaine public, l’Etat laïque constitue l’organe du maintien et du respect du principe, de l’axiome qu’est l’égalité. L’égalité est un principe appartenant à la sphère politique, mais elle est également le socle de l’espace commun (et dispositions communes) à toutes et à tous. L’école publique en l’occurrence, dépend de l’organe étatique. Dès lors, elle ne peut être le lieu où s’exprime une quelconque appartenance identitaire. Si l’école assure la passerelle entre la famille, et le monde, elle s’adresse aux élèves en tant qu’être humain à part entière. A moins de réifier les femmes en voile – ou d’en faire des barques comme le souligne si bien Christine Gamita, ethnologue et auteure du blog susauxféminicides-, les filles de confession musulmane, catholique, protestante, juive, athée, soufie, etcétéra, peuvent librement bénéficier de l’enseignement public. Encore une fois, où est l’exclusion ?

 D’autant que poser les filles en réceptacles impures, tentatrices et asservies aux demi-dieux, n’est certainement pas compatible avec une appréhension féministe démocratique et séculaire. De la même manière, les femmes travaillant au sein des services publics, comme le souligne le ministre, doivent faire preuve d’un devoir de réserve puisqu’elles sont agentes au sein d’instances où s’active la neutralité étatique. Il ne faut pas confondre la neutralité de l’Etat, avec l’indifférence et la caution étatique. La neutralité est une notion principielle que l’Etat fait valoir et respecter. Elle ne s’apparente guère au laissez-faire. D’où les sanctions en cas de manquement.

Une telle prise de position n’empêche pas de faire la critique de l’évangélisme libérale, promouvant l’hypersexualisation des femmes d’une toute autre manière que le port du voile. Notons au demeurant, dans le cas français, que cette position séculaire a été mise en oeuvre lors de la Commune de Paris, où les religieuses n’étaient pas admises dans les écoles et les hôpitaux publics en tant que souscrivant aux pratiques dogmatiques chrétiennes au sein de ces instances.

Bizarrement, les culturalistes et pseudo-féministes ont plus d’égard pour la liberté de conscience des femmes et plus importante, pour leur liberté politique lorsqu’elles sont de milieux chrétiens, que de ‘culture’ musulmane. Pourtant, je vous prie de croire qu’il y a autant de dissensions parmi les femmes ‘orientales’ qui ne parlent pas d’une seule voix, que parmi les femmes ‘occidentales’. La domination intracommunautaire existe bel et bien.

Alors, on nous targue de vouloir imposer une norme aux femmes voilées, d’entraver à leur liberté, alors que nous consacrons leur liberté de nous contredire en les confrontant à ce sujet politique, et non normatif. Ceux et celles qui imposent leurs préceptes, ce sont les gourous communautaristes. Jusque dans les instances étatiques, l’on devrait nous imposer des pratiques féminicidaires au nom du libre choix ?

Tyrannie de la souveraineté individuelle, moi je fais le choix de me ranger du côté des femmes qui luttent pour leur liberté, l’égalité, contre les carcans phallocrato-mystiques, contre toutes les formes instituées de la phallocratie.

La Charte des valeurs québécoise est un premier pas dans une lutte de longue haleine contre les intégrismes, l’autoritarisme, et pour l’émancipation humaine qu’il revient aux citoyennes de construire sans jamais baisser la garde. Les institutions se maintiennent, mais se renouvellent également. N’en déplaise à certain-e-s, la politique est un horizon indépassable, où la domination doit sans cesse rendre des comptes. Pour la masquer, exploser à coups de litanies au nom de l’intolérance témoigne manifestement d’un refus d’assumer la pluralité dissenssuelle, distincte. Or, quand on revendique des positions phallocrates et pratiques féminicidaires en nous narguant en plus, il ne faut pas s’attendre qu’à des louanges.

© Women’s liberation without borders [2013]

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http://www.lactualite.com/opinions/charte-des-valeurs-respirons-par-le-nez/  « Pour qu’il y ait neutralité, il faut qu’il y ait apparence de neutralité. Le vêtement religieux est un langage non verbal qui exprime la foi, les croyances et le code de valeurs de la personne qui le porte et c’est pour cette raison qu’elle tient à le porter. Faire prédominer cet affichage signifie que l’on place ses croyances au-dessus des valeurs véhiculées par l’État employeur. Accepterait-on qu’un fonctionnaire nous serve avec un teeshirt portant l’inscription «Je suis athée; libérez-vous de la religion»? « 

http://www.ledevoir.com/politique/quebec/387315/laicite-quatre-mises-au-point-essentielles « Le symbole religieux introduit donc une barrière symbolique et une inégalité de fait entre les personnes qui le portent et les autres. Dans le cas du hidjab, par exemple, l’histoire nous montre que si plusieurs femmes l’adoptent volontairement, par piété ou pour des raisons identitaires, celles qui refusent de le porter sont souvent dénigrées et accusées d’être impudiques, harcelées et soumises à des pressions morales pour les pousser à s’y soumettre. »

Le féminisme : une lutte séculaire et politique sans concession pour l’émancipation des femmes.

Par défaut
Nous observons aujourd’hui l’enthousiasme général à l’égard de ‘féminismes’ « exotiques », « décolonisés » non pas parce qu’ils sont en rupture avec la phallocratie, mais au contraire, parce qu’ils défendent l’ordre dominant sous prétexte d' »exception culturelle » et de rupture avec l’Occident. Comme l’a dit Catharine Mackinnon, il s’agit en fait « d’une défense multiculturelle de la domination masculine », qui a l’intérêt tout particulier de diviser les femmes, et de les faire « adhérer  aux ficitons des hommes », selon les mots d’Ana Pak ; rendant ainsi la lutte féministe inutile, si ce n’est lorsqu’il s’agit l’instrumentaliser.
 
 
Je vous laisse découvrir l’interview d’Ana Pak, féministe, exilée politique iranienne et membre du collectif lesbiennes-feministes-ba-ham (CLFBH) qui nous livre son point de vue sur ce phénomène relativiste faisant courir un grand danger aux femmes du monde entier.

WLWB: Vous êtes une exilée politique iranienne, une féministe radicale, pensez-vous que votre expérience iranienne a eu une répercussion sur votre vision du féminisme ?

En effet. Lorsque la révolution iranienne éclata en 1979, je sentais déjà dans mon très jeune cœur le cri des millions de personnes qui souhaitaient trouver la liberté.

Mais cette révolution a été instrumentalisée par des islamistes (qui constituaient une infime minorité). Comme ce que nous voyons aujourd’hui en Égypte, en Tunisie, au Libye et dans d’autres pays sous les lois islamiques. Ils ont en premier attaqué les femmes,  Khomeiny leur a ainsi demandé de se voiler.

J’étais très jeune à l’époque mais à ce moment -là, mon corps d’enfant de sexe féminin ressentait profondément l’effroi de ces milliers de femmes iraniennes qui protestaient contre le voile, et il s’alarmait à l’unisson de leur indignation.

Je ressentais cette révolte des femmes, même si je ne pouvais pas encore tout comprendre.

Il faut savoir que Khomeiny a tout d’abord été contraint de revenir sur certaines de ses positions au regard des colères, des révoltes et des manifestations quotidiennes des femmes !

Il déclara d’ailleurs que « Non, l’Etat islamique n’obligerait pas les femmes à se voiler, [il] leur en laisser[ait] le choix.»

Mais quelques jours après cette déclaration de capitulation de Khomeiny, j’entendis, médusée, au journal télévisé, Banisadr, le premier président du régime islamiste, déclarer que « si l’islam voilait les femmes, c’était parce que la science avait prouvé que des ondes capables d’exciter les hommes se cachaient dans les cheveux des femmes. Et qu’afin de s’assurer qu’hommes et femmes puissent vivre en paix dans la société et sans excitation, l’islam exigeait que des femmes qu’elles soient voilées.» !!!

Ces paroles m’ont laissée bouche bée. Tous les moyens étaient bons pour imposer le voile aux femmes.  Quand le régime n’arrivait pas à le faire au nom de la religion, il essayait de l’imposer en utilisant cette fois des arguments soi-disant scientifiques.

Et en fin de compte, ce fût bien par des violences et par des humiliations inouïes, permanentes et constantes, que le régime islamiste réussit à contraindre les Iraniennes au voile.

Au début, par des coups, des brutalités, des insultes et des menaces, par les licenciements en masse des femmes dans les entreprises et dans les fonctions d’Etat, la retraite imposée. Puis par le viol, des violences physiques répétées, des contraventions, des arrestations et des emprisonnements. Le voile était de la même manière imposée aux femmes qui restaient embauchées, ou réembauchées.

Le voilement du corps des femmes dévoile en lui-même la violence du patriarcat sur notre corps. Comme pour la prostitution, la violence lui est inhérente. Cette violence, psychologique et corporelle, est dans la sexualisation des femmes.

Donc oui, cette expérience d’un régime facho-islamiste m’a donné une certaine grille de lecture du monde, qui forge mon féminisme et qui me procure, comme à beaucoup d’autres femmes, les antennes nécessaires pour détecter les stratégies d’intimidation des islamistes et pour cerner l’aberration qui consisterait à devoir tout accepter au nom de la tolérance culturelle.

D’autre part, je pense que nous n’avons pas besoin de subir une mutilation sexuelle féminine pour lutter contre. De nombreuses femmes luttent contre les extrémismes religieux et en particulier l’islamisme, sans l’avoir subi personnellement.

Au nom de la tolérance et du « relativisme culturel », au nom de la « lutte contre l’islamophobie», on nous impose même ici dans des sociétés plutôt démocratiques et plutôt libres, la peur des extrémistes religieux et l’interdiction de critiquer les religions, surtout l’islam, et nous condamne au silence au nom de blasphème.

Les islamistes et leurs alliés veulent nous faire taire en nous désignant comme «   islamophobes».

Mais en fait, j’ai peur de l’islamisme comme j’ai peur de tous les fascismes, et je ne vois pas pourquoi je devrais le cacher.

A vrai dire, plusieurs raisons m’ont conduite à cette intransigeance à l’égard de l’islamisme. La première par mon expérience iranienne, et l’influence du gourou Khomeiny à cause duquel les iraniennes refusant le voile étaient targuées « d’islamophobie ». Et c’est ce que l’on retrouve dans les pays démocratiques, au sein desquels on ne peut critiquer librement l’islamisme.

Être radicale, c’est pour moi être radicalement contre toutes les formes du patriarcat qui invente tant d’institutions (religion, mariage,…) pour piéger et opprimer les femmes.  C’est être radicalement opposée à toutes les religions, et l’islam aussi.

 Les religions ont la particularité d’être fondées sur la misogynie, avec comme principale obsession le monopole du contrôle sur le corps des femmes.

Alors, si être féministe radicale, cela veut dire vouloir changer le monde, vouloir nous libérer de toutes les institutions patriarcales (religion, culture, mariage, Etat…), effectivement je suis une féministe radicale. Et je me demande même comment il serait possible d’être féministe, sans être en conséquence, radicale.

WLWB: Vous avez mentionné dans cette interview que « tant que les femmes et féministes adhérent à n’importe quelle fiction inventée par des mâles : race, religion, nation, culture, couleur politique… nous ne pouvons pas nous libérer ». Pourquoi cela ?

Effectivement, en tant que femme, adhérer aux inventions des hommes, à leurs religions, à leurs cultures, à leurs concepts, revient à ne pas comprendre, nier ou oublier notre appartenance à la classe des femmes. Et donc à ne pas entamer une lutte nécessaire contre ces oppressions, ou pire se détourner de notre lutte commune. L’adhésion consciente ou inconsciente des femmes aux inventions des hommes nous coûte très cher.

Ce qui différencie l’oppression des femmes d’autres oppressions, c’est qu’elles sont non seulement  liées par la force, mais aussi par la ruse, par la culture ou les religions, affectivement, économiquement et corporellement aux individus de la classe des oppresseurs.

Les femmes sont d’ailleurs les seules opprimées qui majoritairement subissent leurs oppresseurs constamment, jusque dans leur lit.

En effet, les hommes esclaves et prolétaires ont au moins la chance de ne pas avoir l’obligation de supporter corporellement et sexuellement ceux qui les exploitent et les dominent.

C’est pourquoi l’oppression des femmes -la plus ancienne des oppressions-, peut bien changer de visage, de forme ou de nom, elle continuera à enchainer les femmes, si ces dernières n’adoptent pas les mesures requises pour se libérer.

Pour ne donner qu’un exemple bien connu dans l’histoire de la lutte des femmes : le droit de vote. Pendant que les femmes suffragistes luttaient pour obtenir le droit de vote, certaines femmes s’opposaient, en répétant le discours des hommes qui disaient que les  femmes seraient incapables de voter !

Comme je l’ai déjà soutenu dans un autre écrit, il est parfois difficile et il peut être douloureux pour les femmes de prendre conscience qu’elles appartiennent à une classe opprimée et méprisée incessamment.

Cela dit, nous les femmes, devons apprendre à nous débarrasser des réflexes misogynes que nous avons intériorisés. Car nous sommes tellement imprégnées par l’apartheid sexiste, que ce soit dans la famille, dans toutes les cultures et pays que,  nous faisons usage de cette misogynie contre nous-même et les autres femmes en défendant les arguments des dominants ! Peut-être est-ce parce que certaines se sentent découragées, et prennent des chemins apparemment moins périlleux.

Beaucoup de femmes préfèrent alors s’accrocher à ce qui nous divise et nous sépare, au lieu de mettre en œuvre des moyens de lutte et de créer nos  propres concepts pour un monde différent.

WLWB: Pourtant, de nombreux courants féministes : féminisme libéral, postmoderniste, « black feminism », transnational, etc… revendiquent la différence des femmes de couleur, pour lesquelles le féminisme radical serait une invention des femmes blanches, occidentales et des classes sociales aisées. Comment expliquez-vous ce refus de se sentir « unies dans la classe des femmes » ?

Ah, nous voici au cœur du problème ! Qui est justement de diviser les femmes pour pouvoir mieux les opprimer !

Et même encore aujourd’hui, certains qui se disent de gauche, rejettent les constatations et les revendications féministes, en prétendant qu’elles seraient l’émanation de pensées «bourgeoises»…

Or, que vous soyez bourgeoise ou pas, si vous êtes une femme, il est certain que nulle part, vous ne marcherez seule et sereinement dans les rues à une certaine heure !

Et que vous soyez bourgeoise ou non, en Iran, vous serez toutes condamnées à vous voiler, c’est à dire à arborer le drapeau de votre sexualisation et votre infériorité !

Autant le dire, la première fois que j’ai entendu les médias parler contre les « valeurs occidentales », contre les « féministes occidentales » et contre les femmes «occidentalisées », c’était en Iran, en 1979 au moment où les islamistes réprimaient les manifestations des femmes contre le voile.

A l’époque, ils ont voulu faire taire les femmes en les appelant d’abord des « prostituées ». Lorsque le nombre des manifestantes a dépassé quelques milliers, ils les ont qualifiées de « royalistes », puis « d’occidentalisées », puis de « pro-occidentales » et enfin «d’islamophobes» !

Il faut savoir que pendant les années noires en Iran, soit de 1983 à 1989, les instances internationales en charge de vérifier les violations des droits humains, sous la pression de milliers d’exilé-es qui pouvaient témoigner, voulaient visiter les prisons iraniennes où étaient torturé-es et exécuté-es des milliers de femmes et d’hommes, prisonnières/ers politiques…

Mais en riposte, à cette époque, le régime créa un « droit de l’homme islamique », afin de fournir à qui veut l’illusion de l’existence de « raisons culturelles et religieuse » pouvant s’opposer aux contrôles internationaux et pouvant justifier les massacres et la barbarie du régime de Téhéran !

Ceci en opposition totale aux droits humains fondamentaux et universels, prétendument originaires des pays occidentaux, si l’on en croit le régime iranien !

Alors s’il existe bien des droits de l’homme islamiste revendiqués et un peu spéciaux -c’est le cas de le dire-, pourquoi ne pas pousser plus loin dans ce raisonnement cher à Téhéran et ne pas créer un concept de féminisme islamique, n’est-ce pas ?

En effet, tel ne fût pas le choc que je ressentis, d’entendre ici et en 2009, les mots étranges de « féministe blanche », à l’occasion de l’organisation d’une journée d’étude à l’université de Paris VIII portant sur les lesbiennes exilées et immigrées.

Là, dans les réunions préparatoires, j’attendais que l’on dénonce enfin la haine des communautés en exil envers les lesbiennes et leur misogynie. Mais ce ne fût pas le cas. Au contraire, je fus confrontée à des allégations aussi extraordinaires que celles de la théorie de ces « féministes blanches occidentales » qui ne comprendraient pas les « femmes racisées » !!!

Pourtant, il y a bien eu des luttes historiques et mondiales pour la libération des femmes, menées par des féministes solidaires du monde entier ; une lutte qui a quand même porté ses fruits dans quelques domaines.

Pourquoi alors devrait-on rejeter des féministes sous prétexte qu’elles soient «  blanches » et revendiquer ce concept de « féminisme islamique » pour soi-disant affirmer notre différence ?

Être une « féministe islamique », ne serait-ce pas plutôt répéter et prendre à son compte les inventions et les doctrines des islamistes, telles celles en provenance de Téhéran et des Frères Musulmans ?!

Ma réponse à votre question est que l’oppression et la domination des hommes sur les femmes sont universelles ! Par conséquent, nos luttes doivent aussi l’être.

D’autant plus qu’aujourd’hui, c’est en grande partie grâce aussi aux femmes vivant dans des sociétés sous les lois musulmanes (où qu’elles soient dans le monde), que notre lutte féministe avance encore.

Ces femmes dénoncent en effet de la façon la plus virulente qui soit et la plus « radicale » les violences subie au nom de la religion, et elles ne revendiquent pourtant que des droits universels !

Malala, la jeune pakistanaise de 14 ans, qui a été attaqué mortellement par les islamistes en est un exemple.

Elles appellent régulièrement leurs sœurs des pays plus démocratiques à les soutenir dans leur lutte contre l’islamisme, elles rejettent cette fiction de « féministes blanches-occidentales différentes ».

Car elles savent bien que leurs luttes sont semblables à celles que les féministes occidentales ont faites, notamment la lutte contre l’oppression de la religion catholique.

WLWB: J’ai aussi remarqué que le féminisme faisait l’objet d’une appropriation telle, qu’il devenait l’étendard de revendications ni plus ni moins antiféministes et  antifemmes. L’émergence du féminisme dit islamique en est peut-être l’illustration. Qu’en pensez-vous ?  

 Le féminisme ne peut en aucun cas être islamique. De même que les régimes en Iran et Afghanistan prétendent être des « républiques islamiques », ne peuvent pas être des républiques.

Dans la république les peuples votent et ont des droits. Or dans l’islamisme, c’est Dieu qui choisit les hommes censés gouverner la société!

Le féminisme est un mouvement, une lutte pour l’émancipation des femmes.  N’oublions pas que l’« Islam », lui, veut dire « soumission », et qu’il implique la soumission des hommes à leur dieu et dans tous les cas la soumission des femmes aux hommes.

Comme je vous l’ai dit plus haut, le « relativisme culturel », le « relativisme des droits », la «différence des droits », ont été inventés par des islamistes et surtout par le régime islamiste de Téhéran afin de lutter contre l’émancipation des femmes et pouvoir ainsi saborder les droits humains.

Ceux qui en occident nous font taire, ou qui font dangereusement dévier la lutte des femmes, ont la même idéologie et jouent le même jeu que les islamistes.

Regardez en occident, les peuples ont lutté contre des diktats intégristes de leurs religions. Pourquoi alors, certains ici, au sein même des démocraties occidentales, pensent-ils que les individu-es né-es dans des sociétés sous lois musulmanes ne peuvent pas avoir les mêmes droits qu’eux-mêmes se sont arrogés et pour lesquels ils se sont battus, à savoir la dignité et la liberté de ne pas subir l’oppression d’une religion ?

Aujourd’hui, au nom de la « tolérance » et au nom du « respect de la religion d’autrui », certaines personnes nous poussent vers un autre un relativisme qui vise à empêcher toute critique de la religion et de l’islam plus particulièrement.  

Ces critiques de l’islam sont condamnées ici comme blasphème et insulte ! Clairement, il y a bien des intérêts derrière cette stratégie d’aliénation.

Certes, les islamistes ne veulent surtout pas que l’on touche à l’islam, c’est bien connu, ni qu’on le « rénove », ni qu’on lui pose des limites ; vous comprenez, ces hommes doivent pouvoir continuer tranquillement à mutiler sexuellement les femmes, les brûler, les voiler, les violer et les lapider !

Pour mettre à mal tout ceci, nous devons lutter pour la liberté de critiquer toutes les religions, islam compris.

Quelle sorte de monde veulent construire les  défenseurs du « relativisme culturel » ? Comment peuvent-ils légitimer de tels actes barbares au sein des sociétés dites démocratiques ? Le voile, les excisions, la lapidation pour adultère devraient passer à la trappe sous prétexte d’  «  exception culturelle » ?

Il ne faut en aucun cas négliger et prendre à la légère ce qui se passe au sein des pays occidentaux enclins au relativisme, car après la défense du port du voile pour les femmes, on risque d’avoir tout le reste ! Comme ce qui s’est passé en Iran. C’est cela que les islamistes cherchent à obtenir.

C’est pourquoi il ne faut pas céder aux intimidations. C’est pourquoi seulement par la lutte féministe, la pensée féministe, un féminisme constamment en mouvement, inlassablement interrogatif de tout ce que la société androcentrique et misogyne propose que nous pouvons nous libérer.

C’est en défendant l’universalité des droits des femmes, d’où qu’elles viennent que nous nous libèreront! Quelle que soit la couleur de leur peau ! Quel que soit la croyance de leur père et leur frère! Quelle que soit leur provenance culturelle et géographique.

L’universalité des droits des femmes !

© Women’s liberation without borders 2012